C.O.T.A.C
Nombre: Jose Garcia
Curso: 1ro BGU D
LA ANTIGUA GRECIA
La civilización
helénica
de la Grecia antigua se extendió por la Península Balcánica,
las islas del mar Egeo y las costas de la península de Anatolia,
en la actual Turquía, constituyendo la llamada Hélade. La
civilización helénica o griega tiene su origen en las culturas
cretense
y
micénica.

Hacia
el 2700 a.C. se desarrolló en la isla de Creta una rica y floreciente
cultura comercial perteneciente a la Edad del Bronce. Esta cultura recibe
el nombre de
minoica
o cretense. En torno al año 1600 a.C., los
aqueos,
un pueblo de habla griega y de origen
indoeuropeo,
irrumpieron en el territorio de la Grecia continental, estableciéndose
en el extremo noreste de la península del Peloponeso. Este pueblo
llegó a dominar a los cretenses. Su ciudad más importante
fue Micenas.
Hacia el año 1200 a.C., otro pueblo de origen griego,
los
dorios,
que utilizaban armas de hierro, se apoderaron de Grecia derrotando a los
micenios. La guerra de Troya, descrita por
Homero
en la
Iliada,
fue, probablemente, uno de los conflictos bélicos que tuvieron relación
con esta invasión. Esparta y Corinto se transformaron en las principales
ciudades dóricas. Con los dorios empezó un período
de retroceso cultural que se conoce con el nombre de Edad oscura.
Después de la conquista de los dorios, la vida
en toda Grecia descendió a un nivel muy primitivo, y así
se mantuvo durante varios cientos de años. Sin embargo, desde el
siglo VIII y hasta el siglo VI a.C., período que se conoce como
época
arcaica,
Grecia desarrolló y culminó una gran recuperación
política, económica y cultural.
Tal recuperación fue posible gracias a la organización
en ciudades Estado (
polis) y a la fundación
de
colonias
en las costas de Asia Menor y del mar Negro, en Sicilia, en el sur de Italia,
en el sur de Francia y en el
levante español.
Las nuevas colonias se convirtieron en polis políticamente
independientes de la
metrópoli (polis
madre), pero mantuvieron estrechos vínculos religiosos, económicos
y culturales. Estas colonias fueron uno de los factores del desarrollo
económico de Grecia en este período.
Los siglos V y IV a.C. corresponden al
apogeo
de las grandes ciudades estado independientes, entre las que destacan las
polis de Atenas y Esparta.
Cada uno de estos grandes estados absorbió a sus
débiles vecinos en una
liga o confederación
dirigida bajo su control. Esparta, estado militarizado y
aristocrático,
estableció su poder a base de conquistas y gobernó sus estados
súbditos con un control muy estricto. La unificación del
Ática,
por el contrario, se realizó de forma pacífica y de mutuo
acuerdo bajo la dirección de Atenas.

Al
principio del período, los griegos se unieron para derrotar a los
temidos persas en las llamadas guerras
médicas.
Tras la victoria, Atenas se convirtió en la potencia
hegemónica
de la Liga de
Delos, alianza que se había
formado para defenderse de los persas. En política interior los
atenienses consolidaron el sistema político conocido con el nombre
de democracia, gobierno del pueblo, y en política exterior se convirtieron
en la gran potencia político-militar de la Hélade, lo que
les acarreó gran número enemigos. Este periodo es denominado
como la 'Edad de Oro de Atenas', o 'Siglo de
Pericles'
en honor al gobernante que llevó a Atenas a su máximo esplendor.
Durante el mandato de Pericles se construyeron el
Partenón,
el
Erecteion
y otros grandes edificios. El teatro griego alcanzó su máxima
expresión con las obras
trágicas
de autores como
Esquilo,
Sófocles
y
Eurípides,
y el autor de
comedias Aristófanes.
Tucídides
y
Heródoto
fueron famosos historiadores, y el
filósofoSócrates
fue otra figura de la Atenas de Pericles quien hizo de la ciudad un centro
artístico y cultural sin rival.
Las diferencias entre Atenas y Esparta desembocaron en
la destructora guerra del Peloponeso, en la que participaron casi todos
los griegos unidos a uno u otro bando. La guerra duró hasta el 404
a.C. y acabó con la derrota de los atenienses y el establecimiento
de la hegemonía espartana sobre Grecia.

Aprovechando
la confusión y debilidad de los
contendientes
en las Guerras del Peloponeso, el rey
Filipo
II de
Macedonia convirtió
su reino en la nueva potencia de la Hélade. Macedonia no estaba
desgastada por las luchas y disponía de recursos naturales (cereales,
oro y madera). La
batalla de Queronea (338
a.C.) le permitió anexionarse Atenas y Tebas. Tras la muerte de
Filipo II, su hijo
Alejandro
Magno, conquistó Persia y dirigió sus ejércitos
hacia Egipto y la India, formando un gran imperio.
Tras su muerte en Babilonia (323 a.C.) sus generales se
repartieron sus posesiones. Con Alejandro desaparecía el antiguo
poder de los griegos, pero no su cultura que,
fusionada
con la oriental, dio origen al mundo
helenístico.